VIAJES Y TURISMO

El suelo parece una pintura: 5 paisajes de arcilla donde la erosión hizo una obra de arte

Hay terrenos que parecen extenderse como una tela arrugada: presentan pliegues, franjas de colores y surcos que se entrecruzan hasta perderse en el horizonte. No son pinturas ni decorados. Son paisajes donde los sedimentos y la erosión construyeron formas que cambian de apariencia según la luz y el lugar desde el que se observan.

Estos cinco destinos reúnen arcillas y rocas sedimentarias derivadas de materiales finos, como lutitas y depósitos de barro endurecido. No todos tienen la misma composición ni se erosionan de manera idéntica. Precisamente por eso vale la pena compararlos: permiten descubrir cómo el agua, la exposición del terreno y el tiempo transforman materiales aparentemente modestos en relieves extraordinarios.

1. Bardenas Reales (Navarra, España)

En las Bardenas, las capas de arcilla conviven con calizas, areniscas y yesos. Esa combinación ayuda a explicar sus cabezos, barrancos y superficies profundamente erosionadas. Los materiales más resistentes pueden proteger temporalmente las capas inferiores, mientras las lluvias intensas trabajan sobre los sedimentos blandos.

Así aparecen relieves que recuerdan mesas, torres o esculturas aisladas. El interés del recorrido no está únicamente en buscar una formación conocida, sino en observar las transiciones: una ladera suave puede terminar en un entramado de cárcavas. Comprender esa diferencia permite mirar el paisaje como una obra en proceso, donde la aparente inmovilidad esconde una transformación constante.

2. Bentonite Hills (Utah, Estados Unidos)

Las Bentonite Hills presentan colinas suavemente redondeadas con franjas marrones, rojizas, violetas, grises y verdes. Sus materiales se originaron en ambientes donde se acumulaban barro, limo, arena fina y ceniza volcánica durante el Jurásico. Parte de aquella ceniza terminó transformándose en minerales arcillosos.

La bentonita tiene una característica decisiva: absorbe agua, se hincha y puede volverse extremadamente resbaladiza y pegajosa. Cuando se seca, la superficie adquiere una textura irregular semejante a palomitas de maíz. Por eso, la visita no debe planificarse solo por la fotografía. Con el terreno mojado, avanzar a pie o en vehículo puede resultar difícil o imposible, y la superficie es particularmente delicada.

3. Zabriskie Point (California, Estados Unidos)

Desde este mirador del Parque Nacional Death Valley se observa un conjunto de colinas amarillas y marrones atravesadas por surcos. Son badlands de arcilla y rocas formadas a partir de antiguos depósitos de barro, modeladas por la acción del agua.

Aunque el entorno parezca dominado por la sequedad, los canales dejan clara la importancia de las escorrentías. El acceso principal incluye un sendero pavimentado de unos 400 metros desde el estacionamiento hasta el punto de observación. Al amanecer o al atardecer, las sombras refuerzan los pliegues y hacen que el relieve parezca cambiar de volumen. La panorámica permite comprender la forma general sin necesidad de internarse entre las laderas.

4. Calanchi de Aliano (Basilicata, Italia)

En el entorno de Aliano, las colinas de arcilla se abren en gargantas, agujas y crestas que la promoción turística italiana compara con esculturas naturales. La carretera que conecta el pueblo con Alianello permite observar algunos de esos relieves y entender cómo el asentamiento se relaciona con el terreno.

El paisaje también tiene una dimensión literaria: Carlo Levi vivió confinado en Aliano y lo incorporó a su obra. Esa conexión añade profundidad al recorrido, pero no sustituye el asombro geológico. Aquí, la impresión de paisaje lunar nace de materiales terrestres muy concretos, trabajados durante siglos por el agua y el viento hasta producir una sucesión de formas difíciles de repetir.

5. Cheltenham Badlands (Ontario, Canadá)

El rojo de Cheltenham procede principalmente de los óxidos de hierro presentes en la lutita de Queenston, una roca sedimentaria formada a partir de materiales finos. Sus ondulaciones contrastan con el entorno verde y producen la sensación de haber encontrado un fragmento de otro paisaje dentro de Ontario.

Sin embargo, su exposición actual tiene una historia relativamente reciente: la eliminación del bosque para usos agrícolas dejó el terreno más vulnerable a la erosión. Esa relación con la actividad humana es importante para interpretar la visita. Las pasarelas y zonas habilitadas permiten contemplar las formas sin caminar sobre ellas, una medida necesaria para proteger una superficie frágil y fácilmente alterable.

Junior Marte

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